La Fundación Grünenthal se ha mostrado partidaria de la formación de los Médicos de Familia en todo lo relativo al abordaje y el tratamiento del dolor crónico, dado que el 83% de los pacientes que lo sufre es tratado en Atención Primaria y no en las Unidades del Dolor hospitalarias, un servicio escaso, infrautilizado y sin la multidisciplinariedad necesaria.


El 98% de las unidades del dolor están dirigidas por anestesiólogos, lo que ha generado una gran endogamia alrededor de esta especialidad médica. Las Unidades han de abrirse y dar paso a otros especialistas que también forman parte del tratamiento del dolor, como los traumatólogos o los reumatólogos, aseguró Manuel Rodríguez, jefe de Sección y coordinador de la Unidad del Dolor del Hospital Carlos Haya de Málaga, durante la presentación de la 'Guía para periodistas. Entender el dolor', elaborada por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) y la Fundación Grünenthal, entidad sin ánimo de lucro promovida por los Laboratorios que llevan el mismo nombre.

Tras mencionar el estudio 'Pain in Europe' (Dolor en Europa), según el cual cerca de nueve millones de españoles sufren dolor crónico, el doctor subrayó el problema que supone el infradiagnóstico de este padecimiento (el 98% de estas personas nunca llega a ser visto en una Unidad del Dolor) y a consecuencia de ello, el hecho de que no cuenten con un tratamiento adecuado, lo que lleva a la automedicación a tres de cada diez personas. Es necesaria una derivación clara, concreta, y el médico de Primaria es quien mejor puede hacerla.

Médicos de familia y no anestesiólogos

Manuel Rodríguez se mostró contrario a que los anestesiólogos continúen siendo la figura clave en el tratamiento del dolor crónico dado que, al tratarse de una especialidad deficitaria dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS), estos médicos sólo pueden dedicar a esta tarea unas cuantas horas a la semana, el tiempo que les sobra tras su trabajo en los quirófanos. Dado que el primer médico al que acude un paciente con dolor crónico es el de Atención Primaria, este profesional ha de ser formado para que aborde el problema de forma adecuada. Es por ello que el experto propuso que cada Centro de Salud forme a un médico de familia en el tratamiento del dolor de todos los pacientes con esta patología dentro del ambulatorio, para lo cual podría contar con la colaboración del personal de Enfermería.

Según el doctor, esto no se podría plantear sin un plan de formación dirigido a los médicos que luego vayan a tratar a estas personas, algo ya previsto por la Administración de cara a la elaboración del Plan Nacional Integral del Dolor Crónico. Pretende agrupar en un mismo molde todo el dolor que puede existir, prestando una especial atención a dos grupos de alto riesgo, como son los niños y los ancianos, concretó Manuel Rodríguez tras afirmar que, a pesar del interés mostrado por el Ministerio de Sanidad, todavía queda mucho trabajo por hacer y una mayor colaboración de las Comunidades Autónomas.

La opinión del doctor es que la Administración ordene este problema, no sólo por una mejor atención de los pacientes, sino por el alto coste sanitario que supone (un 2 por ciento del Producto Interior Bruto). Por su parte, Guillermo Castillo, director de la Fundación Grünenthal, hizo hincapié en los costes indirectos que genera un mal tratamiento del dolor crónico y, en este sentido, anunció un futuro estudio al respecto, elaborado por expertos en Economía de la Salud.

AINE frente a Opioides

Hay que acercar el tratamiento adecuado del dolor al ciudadano de a pie, pero si no se sabe hacer un diagnóstico correcto, difícil será prescribir un buen tratamiento, planteó Manuel Rodríguez. Tal y como destacó este doctor, los pacientes que acuden a las consultas con un dolor persistente de más de tres meses y que no puede erradicarse con el tratamiento de la patología de base que lo produce, cuentan con grandes lagunas. Según indicó, los fármacos antiinflamatorios no esteroides o AINE y los analgésicos periféricos son los más utilizados (en 2008 se vendieron 130 millones de envases en España), pero no siempre los más eficaces.

En el otro extremo se encuentran los opioides, fármacos de los que se vendieron ese mismo año 2,2 millones y que todavía hoy cuentan con una serie de connotaciones negativas, "pues se asocia a enfermedad terminal o a drogodependencia". Para el especialista, se considera a los primeros como habituales y sin efectos secundarios, lo que es un grave error, pues es más peligroso utilizar un AINE indiscriminadamente que un opioide de manera correcta.

Fuente: (Arantxa Mirón Millán)Acta sanitaria